La escuela, la universidad, los centros de formación tienen una gran responsabilidad en la educación de los futuros ciudadanos. Los conocimientos que comunican no pueden ser contraproducentes para nuestros semejantes ni para el medio ambiente. Aunque el concepto de sostenibilidad está en boca de muchos centros de formación, a veces en la actividad académica contradice su propia esencia. En muchas ocasiones, parece más importante la presentación que el contenido porque se valora más aquel documento o trabajo hecho a doble espacio, por una cara, con color y encuadernado con plásticos, y no se tiene en cuenta que más tarde se convertirán en residuos. Llega la hora de ser más coherentes. Los trabajos escolares o universitarios deben asumirse con criterios de sostenibilidad.
Aprender haciendo
Naturalmente se debe valorar la finalidad de un determinado trabajo escolar. En la mayoría de los casos, los documentos que se solicitan son simples trámites o trabajos que, una vez presentados y evaluados, se van a tirar. Demasiados recursos se pierden por el capricho de los responsables que deben evaluar el documento. Profesores y alumnos deberían pactar unas normas mínimas para que se consuma el mínimo papel, los mínimos recursos estilísticos como son la impresión en color o el encuadernado con materiales no renovables y de difícil reciclado. No se puede otorgar una mejor nota por ser una presentación más cuidada y esforzada (en recursos y dinero), que otro aparentemente más sencillo, al margen del contenido.
Poco a poco, hay quienes se están atreviendo de forma valiente a presentar su trabajo con papel reciclado y grapa al lado del papel que soporta el trabajo escolar o universitario. El aprendizaje en cualquier materia educativa no puede aislarse de lo que comporta su elaboración y presentación. Fomentar encuadernaciones vistosas con materiales de alta calidad para trabajos efímeros supone un derroche de recursos naturales innecesario. Un consejo que se puede dar a los jóvenes que valoran el medio ambiente (y aquí no entran chapuceros ni los despistados de última hora) es incorporar delante o detrás del trabajo una pequeña leyenda que explique por qué se ha hecho el trabajo de forma austera. Realizar los trabajos educativos con el menor impacto ambiental debería forma parte del aprendizaje escolar o universitario.
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Un buen trabajo puede presentarse en forma correcta y ordenada en papel reciclado, aprovechando las páginas y agrupando con una grapa. |
Encuadernaciones para usar y tirar
Las copisterías saben que, en época de exámenes, deben disponer de plásticos, espirales y canutillos para poder cumplir con todos los encargos de trabajos escolares que los estudiantes deberán presentar en escuelas, institutos y universidades. No se espera que, una vez presentados, estos trabajos tengan valor tal que amerite su conservación. Precisamente por esto debería promoverse que fueran elaborados con los mínimos recursos y que pudieran fácilmente reciclarse. Debería valorase la posibilidad de recoger los trabajos y depositarlos en un contenedor de papel usado. Que no incluyan plásticos en la encuadernación debería ser una prioridad. En cualquier caso, podrían considerarse consumibles que permitieran su recogida una vez que el trabajo ha sido evaluado. De esa manera, se podrían utilizar en otra ocasión.
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Algunos materiales de encuadernación se pueden reutilizar más de una vez. |
Valoración justa sobre el contenido
Es el momento de exigir una valoración justa por parte de los formadores sobre el contenido de los trabajos y realizar un cambio de esquemas en el que se valore por bien presentado un trabajo pulido, entendedor, con papel reciclado o ecológico, sin derrochar papel y organizado de forma sencilla con una grapa, unas anillas o cualquier otro sistema recuperable. Si administraciones y profesores hacen saber que la imagen de un trabajo escolar debe incorporar el valor del respeto por el medio ambiente y que no va a ser menospreciado por la estética, se hará un uso mucho más apropiado de los recursos. Y esta medida supone añadir un valor actitudinal a la propia actividad formativa. Muchas administraciones ya lo entienden así porque en la imagen que se da al exterior ya se les pide cierto cumplimiento.
En el caso de que en un centro educativo no se promueva esta forma más ecológica de trabajar, se puede presionar para sugerir que se implante la austeridad en recursos no renovables en el funcionamiento de todas las asignaturas.



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